• Carolina Olivo

Actualidad política y bienestar


Hace unos días, mientras cenábamos en medio de una plática muy amena sobre las noticias y acontecimientos en distintos países, mi hija adolescente me pidió compartir con ella sobre los acontecimien-tos vividos por los venezolanos los últimos 20 años. Recordé mis tiempos de la secundaria, cuando los profesores nos mostraban cifras, índices y fechas durante las clases de historia o geografía política y entonces mis pensamientos, como en la producción cinematográ-fica, comenzaron a establecer una secuencia de datos, los cuales pasaban como titulares de una emisión noticiera de Venezuela:


  • El país con la inflación más dañina de América Latina, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), entidad que prevé una superinflación para finales del año 2018 de 2.500.000%.

  • El país más corrupto de América Latina, según la tabla del Índice de Percepción de la Corrupción.

  • El país más infeliz de América Latina.

  • El país que acumula uno de los mayores retrocesos del mundo, según el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado anualmente por la ONU.

  • El país calificado como el más peligroso del mundo por segundo año consecutivo, en términos de percepción de seguridad.

  • En el último puesto de la lista mundial del Índice de Libertad Económica.

  • En donde tramitar un pasaporte se ha convertido en una verdadera odisea.

  • Con un gobierno incapaz de honorar sus obligaciones financieras nacionales e internacionales.

  • Venezuela: ocupa el último puesto en el informe “Índice de Estado de Derecho 2017-2018” presentado por la ONG World Justice Project

  • Liderando nuevamente el ranking como el país más violento del mundo de América Latina y el mundo, con más de 23.000 fallecidas anualmente por causas violentas.

  • El primer país en el ranking de economías más miserables del mundo' por cuarto año consecutivo, triplicando los puntos con respecto al año anterior.

  • El país con la velocidad de internet más pobre, según la encuesta realizada por Speedtest.

  • El peor país para iniciar un negocio según el informe Doing Business 2017’.

  • El país con la segunda tasa de interés más alta del mundo (22,58%).

  • Donde la crisis económica y social que atraviesa el país, condena a la población al analfabetismo y la lleva a un atraso de más de 200 años.

  • El país en el cual los servicios de salud se han reducido al 80-85 por ciento.

  • Pero, nos encontramos entre las 6 naciones de la región con mayor potencial militar y ocupamos el puesto número 41 en el ‘ranking’ global.

  • El país en el que el sector agropecuario no es capaz de proveer ni el 30 % de la demanda local.


Entonces sentí una desagradable emoción a nivel del estómago y recordé una frase del libro “Política para Amador” del escritor Fernando Savater: “…ni la política, ni la ética es de un todo sensata, lo importante es participar de ellas y sobre todo nunca olvidar que somos parte de una sociedad, por lo cual nuestras pequeñas acciones pueden afectar gravemente el buen desarrollo de la misma”.


Comprendi que no tenia el derecho de contagiarla con mis sentimientos y que ella siendo vene-zolana no solo tenia el derecho sino el deber de crear su propia vision de la situación, recurrien-do para ello a distintas fuentes en las cuales encontraría múltiples y diversas informaciones, to-das elaboradas por diferentes personas, difundidas con distintos intereses y narradas con visio-nes disimiles, pero que en conjunto no eran más que el resultado de la percepción de quien la compartía, favoreciendo con ello a un actor u otro del panorama venezolano, como lo sería tam-bién todo lo que yo estaba dispuesta a narrarle.


Le recomendé asumir la responsabilidad de recibir todo lo que yo tenía para compartirle, de analizarla, de reconocer su pertinencia, de valorarla según sus propios criterios y la invité a uti-lizarla sólo si con ello contribuía en la búsqueda de una solución, actuando desde el amor y la compasión.


Comencé diciéndole que el país vive una situación conflictiva que amerita de la participación ac-tiva y constante de los ciudadanos venezolanos dentro y fuera del territorio nacional. Le hablé de las riquezas nacionales, de las increibles reservas naturales disponibles, esas que, de ser administradas por personas calificadas profesionalmente, de conducta intachable, comprometi-da y con ética ciudadana, harían un día de SU país el destino ideal para cualquier ciudadano del mundo.


Le conté que Venezuela es poseedora de una de las mayores reservas petroleras y de una de las reservas de bauxita más importantes del mundo, además de tener reservas de hierro, oro, co-bre, carbón, diamante, níquel, parques naturales considerados patrimonios de la humanidad y unos ciudadanos ejemplares, como ella, personas cálidas, educadas, preparadas para afrontar la vida, comprometidas con sus ideales y trabajadoras, muchos de la cuales se habian visto obli-gadas a emigrar, dejando atrás familia, amigos, status social y bienes materiales para buscar lo más preciado del ser humano: la libertad.


Hablamos de la diferencia entre vivir y sobrevivir para quienes están fuera de sus fronteras. Así como también de quienes por decisión propia o por falta de recursos, siguen luchando en Vene-zuela para no morir y/o evitar que un gobierno sordo al clamor del pueblo, destruya la esperan-za de rehacer la patria.


La alenté a ver el avenir con positivismo, convicción y esperanza, sabiendo aprovechar las opor-tunidades que el Universo o Dios, como quieran llamarlo, nos ofrece día tras día. Me impresionó escuchar su opinión sobre el pronunciamiento de diferentes naciones y organizaciones en torno a la situación de Venezuela y coincidimos que, más temprano que tarde, estas acciones harián que los actores políticos construyan una salida democrática a esta crisis. Sabiendo que mien-tras ello no ocurra, los venezolanos seguirán sufriendo las consecuencias a nivel económico, político y social, con la frente en alto, la esperanza intacta y la gallardía de una juventud dis-puesta a avivar el fuego de la lucha y la resistencia.


Le conté que en 2019 Venezuela ocupará la presidencia de la OPEP, una oportunidad a no desa-provechar para incorporar e implantar un plan de recuperación económica que a mediano y lar-go plazo permita restituir y fortalecer una política económica nacional sana y sustentable. Sin que ello evite que las acciones de resistencia pacífica contra el gobierno persistan; esta vez, ya no inspirada por los conflictos de ideología partidista sino por el agotamiento de una población que se niega a morir. Hablamos de los elevados índices de inseguridad y su incidencia en el te-mor a la muerte pero sobre todo del temor a muerte silenciosa del día a día, esa que agota y por la cual muchos han olvidado como reír, como compartir, como expresarse sin miedo, como abrazar al hijo ausente, como ser hermano, vecino y conciudadano.


Abordamos el tema de las olas migratorias de venezolanos y cómo ellas se han convertid, por una parte, en un problema regional, que tiende a incrementarse con el deterioro de la crisis en Venezuela, creando un problema social, económico geopolítico para los países vecinos, obligán-doles a acudir a las instancias diplomáticas en pro de la restitución de la democracia venezola-na, y a eso no se le puede catalogar de intervencionismo o inherencia extranjera. Pero, de otra, esta ola tambien comporta problema psyco-emocional para los migrantes que necesitan estar en comunicación con sus familiares, que desean reencontrarse con ellos, saber de ellos, que están bien y suplir sus necesidades y que para ello deben pasar los limites de la inestabilidad del internet en Venezuela, la falta de productos médicos, alimenticios y servicios; la burocracia gubernamental en cuanto a la renovación de pasaporte se refiere y el envio de dinero regido pour un sistema de control cambiario absurdo, disfuncional y descontrolado instalado en los comienzos de una revolución que ya lleva 20 años.


Culminé diciéndole que el día que este gobierno dé paso al cambio, todos y cada uno de los ve-nezolanos —y los que se sienten venezolanos—, gritaran al unísono LIBERTAD, celebraran y se organizaran, tomádos de las manos, para trabajar sin descanso en la reconstrucción de la cons-ciencia ciudadana y el retorno de una Venezuela distinta que merezca de nuevo la denominación de “el sueño americano del Sur” y el reconocimiento del Record Guinness como el país con la población más feliz del mundo. Un país donde no haya esquinas para el desaliento, la tristeza o la desesperanza sino grandes avenidas y autopistas para la abundancia y la prosperidad. Un país donde sus ciudadanos sean vigilantes de que jamas se repita lo vivido en los ultimos 20 años y donde los niños puedan crecer al lado de sus tios, primos y abuelos..... una experiencia que ella no pudo conocer.

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