• Carolina Olivo

Y tú, ¿cómo celebras la Navidad?

El ser humano no fuera lo que es hoy en día, sin las tradiciones y las costumbres que han surgido luego de la creación del fuego y de los utensilios de caza. Tradiciones que se diversificaron en tantas ramas, que ahora resulta imposible contabilizarlas, pues en cada región, cada zona, cada territorio, cada país, cada estado, cada ciudad y cada casa, esta costumbre se presenta con diferentes grados de arraigo formando parte de su identidad.


Una de las tradiciones con más transcendencia a través de la historia, por toda su carga simbólica son las festividades que se celebran en épocas decembrinas. La conocida mundialmente como la Navidad, es una celebración que rememora y recrea el nacimiento de la esperanza, representado con el niño Jesús según la tradición católica y cristiana. Y si bien es cierto que la esencia principal de estas fiestas es crear y celebrar el renacimiento de la fe, a ella se han ido agregando a lo largo de los años otros elementos que adornan y embellecen su significado.


Es así que no existe una sola Navidad sino miles de formas diferentes de celebrar estas fechas; por lo que en muchos hogares cohabitan el pesebre con el Papa Noel, o Santa Claus, en un ambiente donde la decoración colorida, luminosa y llena objetos diversos juega un rol preponderante; sin olvidar que los banquetes y comidas que antaño recordaban la identidad cultural, es hoy una fusión de distintas culturas y la cuna de una identidad propia.


No obstante, el poder de reunión y de confraternización entre las personas, característico de estas fechas, sigue intacto. Es durante estas fechas que el significado de reunión familiar se hace presente con mayor fuerza y las interacciones interpersonales así que los hábitos afectivos se vuelven más visibles.


Navidad es tiempo propicio para recordar a nuestros seres queridos y para reunirse con primos, allegados, sobrinos, padres, abuelos, tatarabuelos y personas que sin estar unidas por lazos de consanguineidad son para nosotros hermanos de corazón. Ella es, sin duda alguna, la temporada de preparar recetas elaboradas transmitidas de generación en generación de las manos y voces de nuestras madres, abuelas y personas sabias de nuestro núcleo familiar. La Navidad nos recarga de energía para deshacer esas cajas que celosamente conservan año tras año el árbol de navidad con sus luces y adornos coloridos; el tiempo para construir el pesebre y esconder el niño que sigilosamente aparecerá en su cuna el primer minuto del día 25. En estos tiempos decembrinos, los villancicos y las canciones alusivas suenan distinto para los oídos humanos y despiertan las memorias del alma; esas que en forma de cuentos y anécdotas contaremos a quienes nos rodean sin mucho esfuerzo y con profunda emoción.


Definitivamente, los días decembrinos son mayoritariamente una sucesión de eventos agradables donde las risas y los juegos son la orden del día y los acontecimientos vividos lograran desdramatizar de forma cuasi-mágica la realidad de los meses previos para darle otro sentido a nuestras vidas. Navidad es sin duda alguna una tradición que no envejece y que transforma para mejor el significado de familia, de unión y de convivencia armoniosa a través de la diversidad de sus elementos y símbolos.


Es por esta razón, que respirar Navidad es vivir un momento de reunión, de esperanza, de reencuentro, de amor y de familia. Un ritual que es sinónimo de identidad propia de cada grupo familiar en todo el mundo.


Feliz Navidad a todos ustedes, mis lectores...

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